Regresemos la iglesia a donde nacio.
Oikos, un término bíblico que describe el bloque de construcción básica de cualquier sociedad. Este término aparece a través de la Biblia y se refiere a la comunidad personal que existe para todos nosotros. Se traduce como “casa”. Por ejemplo en Hechos 16:31 Pablo y Silas, lo usaron cuando dijeron “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa”.
En hechos 5:42 leemos que la iglesia primitiva iba de casa en casa. En hechos 8:3 cuando Saulo quería destruir a la iglesia, sabia donde encontrar a la gente de Dios. Leemos que “yendo de casa en casa el sacaba hombres y mujeres y los ponía en prisión”.
Es interesante ver en Hechos 10 como el Espíritu Santo arregló que Pedro llegara de casa de Simón el curtidor a la casa de Cornelio, donde la conversión de Cornelio tuvo lugar. La penetración del oikos es el patrón para el ministerio en el primer siglo.
La conversión es frecuentemente entendida como el ingreso de un oikos entero en el Reino. En Hechos 16 ambos Lidia y el carcelero son convertidos juntos con todos los miembros de sus oikos. El primer acto de Lidia después de su conversión, fue invitar a Pablo a su casa.
Hoy por hoy dentro de la era pos-moderna en la que vivimos, la propuesta de la Iglesia tradicional a la gente no creyente no suele ser aceptada debido a la decepción que la modernidad provoco con el incumplimiento de lo que proclamaba, “Mejor bienestar, menos esfuerzo, mayor beneficio”. Traducido en el trabajo evangelistico, la iglesia no ofrece cosas relevantes a una comunidad que está esperando un beneficio, concentrada más en vivir el presente que un futuro que de antemano vislumbra no prometedor. Por consiguiente el penetrar en el oikos de la gente no puede venir de una entrevista o como solemos llamarle “cita divina”, se requiere de un trabajo que implica involucrarse en la cultura de nuestro entorno sin caer en un sincretismo. El mismo Apóstol Pablo en su momento utilizo un “altar al dios no conocido” cuando se encontraba en Atenas como plataforma para presentar el mensaje a los griegos (Hch. 17:23) y nos dice: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme partícipe de él” (1 Co 9:19-23).
Somos llamados a ser pontífices, una palabra que muchas veces identificamos como un título dado por el catolicismo romano a su obispo en Roma. Está en su sentido original viene del latín “póntifex”, formado por pons (puente) y fácere (hacer); y significa “hacer puente”. Cristo es nuestro pontífice, el puente entre Dios y el hombre, por él, Dios llega a nosotros y nosotros podemos llegar a Dios. De igual manera nosotros como seguidores de Cristo somos enviados a construir puentes entre Dios y los no creyentes para la propagación del evangelio.
Al hablar de comunicación transcultural se recomienda a los obreros adoptar provisoriamente la cosmovisión de los oyentes no cristianos; luego, mediante un análisis de su mensaje a la luz del punto de vista de aquellos, puedan adaptarlo, formulándolo de tal modo que tenga sentido para ellos.
Hay que recordar que el cristianismo bíblico en sí mismo es una cosmovisión, pero una cosmovisión que se puede expresar en todas las épocas y culturas mediante el proceso de contextualización. “El cristianismo bíblico está ahora en el proceso de aprender a expresarse en el nuevo mundo posmoderno. El cristianismo tuvo muchísimo éxito en la cosmovisión antigua al extenderse rápidamente por el mundo greco-romano. Se expresó muy bien en el Renacimiento a través del Protestantismo y en la Ilustración con el Evangelicalismo Moderno. Ahora la cosmovisión a nuestro alrededor ha cambiado y el cristianismo bíblico se encuentra otra vez en la necesidad de desarrollar nuevas formas para expresarse dentro de la cultura sin perder sus verdades fundamentales”.
No hablamos de una nueva iglesia o una iglesia emergente, hablamos de una nueva etapa de la misma iglesia haciendo lo que en otras épocas realizo al entender su entorno como plataforma de exposición del evangelio.